Un fémur de 30 millones de años arroja luz sobre la evolución de los primates

En 2009 se extrajo de una excavación en la formación Jebel Quatrans (Egipto) el fémur de un primate extinto, Aegyptopithecus zeuxis. Se estima que pesaba entre seis y siete kilos y es considerado como un ancestro común de hominoideos (simios antropomorfos) y cercopitécidos (monos del Viejo Mundo).

Durante años, se ha analizado y generado hipótesis sobre la separación de estos dos grupos, pero se tiene poca información sobre cómo fue su evolución durante el periodo del Oligoceno (hace entre 33,9 y 23 millones de años) debido a la escasez de registros fósiles.

Ahora, un equipo internacional de investigadores, liderados por Sergio Almécija, investigador del Museo Americano de Historia Natural (AMNH) y asociado al Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP), ha analizado la zona proximal del fémur de Aegyptopithecus y ha podido extraer datos sobre sus capacidades locomotoras. La clave está en la cadera, la región donde el fémur se articula con el coxal y permite el movimiento de las extremidades posteriores.

Aegyptopithecus es una especie muy interesante de estudiar porque sabemos que vivió en una época muy cercana al momento en que se produjo la separación entre los cercopitécidos y los hominoideos”, comenta Almécija.

Fémur de Aegyptopithecus zeuxis de la formación Jebel Quatrans (Egipto) excavado en 2009./ ICP

El estudio morfométrico del fémur del primate fósil ha revelado que la estructura de la cadera de los cercopitécidos –representados por especies como los babuinos o los macacos– y los hominoideos divergió evolutivamente en direcciones opuestas a partir de una forma primitiva del Oligoceno.

Diferencias en sus limitaciones de movimiento

Según los resultados, publicados en la revista Nature Communications, mientras que los cercopitécidos tienen un movimiento más limitado y son básicamente cuadrúpedos, los hominoideos exhiben una mayor libertad de movimientos que les ha permitido adaptar formas de desplazamiento muy diversas que van desde el bipedismo humano a trepar a los árboles o a la braquiación (desplazarse balanceándose con los brazos por las ramas de los árboles), como los gibones.

“Lo que vemos es que, a partir de la forma primitiva de cadera de Aegyptopithecus, los ancestros de especies actuales como los babuinos tiraron por un lado, mientras que los de gorilas, chimpancés o humanos evolucionaron de una forma totalmente opuesta”, explica el investigador. “Además, parece ser que las similitudes en esta región anatómica entre orangutanes, gorilas y chimpancés evolucionó de forma independiente”, añade.

En cambio, la anatomía primitiva de Aegyptopithecus no se observa en ninguna especie actual. “Por la información que hemos recopilado sobre este ancestro, creemos que este se desplazaba de forma cautelosa a cuatro patas por encima de las ramas de los árboles y que probablemente tenía cierta capacidad de saltar y escalar”, concluye Almécija.

El fémur estudiado está extremadamente bien conservado y, para su análisis, los investigadores generaron un modelo 3D para compararlo con el de diferentes especies de primates actuales y fósiles, entre los que se incluye de Hispanopithecus laietanus, un hominoideo del Mioceno popularmente conocido como ‘Jordi’ excavado en 1990 en el yacimiento de Can Llobateres (Sabadell, Barcelona).

Un chimpancé juega con un babuino en Gombe Stream Research Center (Tanzania)./ © Kristin J Mosher