Resuelven el misterio del agua urticante del Caribe

Quien haya nadado por los manglares y algunas de las lagunas litorales poco profundas del Golfo de México y el Caribe puede que haya experimentado la curiosa y desagradable sensación de que las aguas cristalinas y apacibles de repente se conviertan en una sustancia urticante e incómoda al tacto. No hay nada alrededor. Solo agua. O al menos eso es lo que parece a simple vista.

Tradicionalmente se ha apuntado a la posibilidad de que sea el resultado de alguna estrategia defensiva de anémonas, piojos de mar o medusas invertidas, todas ellas especies típicas de la zona. Pero son precisamente estas últimas las que llamaron la atención de un equipo de científicos procedentes del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian , la Universidad de Kansas y el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos, cuyas pesquisas se han dado a conocer hoy en un estudio publicado en Nature Communications Biology. Efectivamente, sí que había algo en el agua, pero resulta tan fluido y transparente que pasa totalmente desapercibido. Y claro, eso a las medusas les va estupendamente.

El secreto del agua que pica

Estos científicos pensaron que el moco generado por las medusas invertidas, del género Cassiopeia, podría ser el responsable de esta curiosa picazón.

Por eso, procedieron a tomar algunas muestras del mismo y observarlas al microscopio. Así, vieron que contenía una serie de curiosas bolas, girando y moviéndose al son de la sustancia gelatinosa que las envuelve. Un vistazo más concienzudo mostró que, en realidad, esas esferas estaban compuestas por diferentes células, la mayoría de ellas de un tipo punzante, típico de medusas, conocido como nematocito. También había una serie de filamentos cilíndricos, que posiblemente servían para que estas bolas, a las que han bautizado como casiosomas, pudieran desplazarse más eficientemente por el agua. Incluso observaron la presencia de un tipo concreto de algas, que normalmente viven dentro de las medusas, estableciendo con ellas una relación simbiótica, en la que las medusas aportan protección y las algas generan nutrientes y energía a través de la fotosíntesis.

Al estudiar algunos ejemplares de estas medusas, vieron que los casiosomas se concentran en unas estructuras en forma de cuchara ubicadas en los tentáculos del animal. Además, al molestarlas un poco comprobaron que no tardaban en liberarlos, de manera que se mezclaran con la mucosidad y pasaran al agua. De este modo no solo se defienden de sus enemigos y depredadores; sino que, además, según los autores del estudio, podría ser un método para capturar presas de las que alimentarse. Llegaron a esta conclusión al comprobar que al contacto con las esferas algunos crustáceos pequeños, como los camarones de salmuera, morían o quedaban suficientemente débiles para poder ser ingeridos fácilmente por la medusa. Todo esto se debe a la presencia de tres toxinas, que pudieron ser caracterizadas por los investigadores. Es cierto que las algas simbióticas aportan a la medusa parte de la energía necesaria para su supervivencia, pero esta no es siempre suficiente.

Por fin el misterio del agua urticante ha salido a la luz, más de dos siglos después de que estas medusas fueran descritas por primera vez. Sin duda, eso es mantener las armas bien ocultas.

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