Lecciones que nos dejan las nominaciones al Oscar 2020

El año pasado, la película Black Panther de Ryan Coogler cambió el juego en las nominaciones de los premios de la Academia al conseguir entrar en la selección de las mejores películas del año, además de seis nominaciones más, un hecho inédito dentro de la estricta clasificación de la votación de los diferentes gremios que hasta entonces, solían ignorar a los films basados en cómics para los rubros más importantes.

Este año, Joker de Todd Phillips repitió la hazaña y aumentó su impacto. Nominadas a once categorías, el film de Phillips se convirtió en la película que acumula mayor número de secciones junto con 1917, la gran sorpresa dirigida por Sam Mendes. Por segundo año consecutivo, la Academia da indicios de un cambio en la manera de analizar el cine, pero sobre todo de inclinar la balanza hacia un tipo de producto cinematográfico que hasta ahora había sido ignorado por los votantes y gremios de manera sistemática.

Como si eso no fuera suficiente, también es el gran año de Netflix. La compañía logró llevar a cabo la mayor parte de su estrategia de incluir a varias de sus películas a las listas de nominadas. Desde el triunfo de The Irishman de Martin Scorsese hasta Marriage Story de Noah Baumbach, hasta los nombres de Jonathan Pryce y Anthony Hopkins entre los escogidos para optar a la estatuilla como mejor acto principal y secundario por The Two Popes de Fernando Meirelles, el canal alcanzó un total de 22 nominaciones en los premios de la Academia, lo que coloca a la plataforma de suscripción streaming a la vanguardia de una nueva manera de hacer cine.

Tanto el triunfo de Joker como el de Netflix, demuestran que en Hollywood las grandes audiencias y los nuevos hábitos de consumo están a punto de cambiar para siempre, la forma de hacer cine y sobre todo, de comprender las líneas de influencia en la industria.

La historia de un afortunado payaso

Joker ya había demostrado su potencial para la temporada de premios de manera muy contundente cuando logró, contra todo pronóstico, alzarse el León de Oro del Festival de Cine de Venecia, toda una proeza que dejó claro que la controvertida película — que fue recibida por una ovación de pie en su estreno — podía convertirse en un potencial triunfo de crítica y taquilla. No solo lo consiguió, sino que además, superó las expectativas: una vez que se comprobó que la película era algo más que la polémica que le rodeaba sobre la forma en que analizaba la violencia y las enfermedades mentales, el film de Phillip se encontró en medio de una inusual discusión sobre su calidad como producto independiente. Con la llegada de las nominaciones a los grandes premios de la meca del cine, de inmediato quedó demostrado que el film era algo más que una curiosidad en medio de productos de alta factura y que de hecho, tenía buenas posibilidades de alzarse con varias categorías.

Para enero, convertida en un colosal éxito de taquilla —es la película con clasificación R más rentable de la historia— Joker logró colarse entre las mejores películas del año de los Globos de Oro y además, lograr dos estatuillas, lo que la convirtió en el film basada en un cómic con mayor número de triunfos en la historia del galardón. Además, y para sorpresa de buena parte de la crítica especializada, —que especuló durante noviembre y diciembre sobre las posibilidades del Joker en otros rubros además del de mejor actor —Todd Phillip fue nominado como mejor director, lo que dio un vuelto total a la manera como hasta entonces, se había analizado la trascendencia de la película a nivel global. No se trataba solo del hecho que había logrado destacar gracias a la actuación de Joaquin Phoenix, sino de que la película, como ente indepediente, era también una seria contendora en el resto de los premios.

Para cuando se publicaron las nominaciones al premio BAFTA (en las que Joker obtuvo 11 categorías distintas) fue bastante que la historia del origen del célebre villano de la editorial DC estaba a punto de romper todos los pronósticos y convertirse quizás en la película fenómeno del año.

Con su histórico número de nominaciones en los premios Oscar, Joker acaba de romper la barrera invisible que confinaba a las películas de género y mainstream más allá de las posibilidades de optar por grandes premios. De ser un curioso fenómeno de cine experimental —Phillip tuvo que luchar por llevar su idea al cine y después, para encontrar fondos— Joker se convirtió en la mejor prueba que finalmente, la noción de los votantes y los gremios de la meca del cine sobre el cine se está volviendo más flexible o al menos, más abierta a nuevas modalidades dentro del mundo del entretenimiento.

Lo extraño y lo inquietante de un secreto

Parasite de Bong Joon-ho es también otra de las grandes sorpresas de un año: después de su triunfo en el Festival de Cannes, la película no se ha convertido en un clásico instantáneo que desafió las convenciones de buena parte de la audiencia para convertirse en una de las favoritas del año. Aclamada por su mezcla asombrosa de géneros, impecable guion y sobre todo, el recorrido del argumento a través de un cúmulo de registros emocionales e intelectuales, la obra del realizador coreano consiguió superar la habitual barrera del idioma —se insiste que la audiencia norteamericana se resiste a los subtítulos— y encabezar varias de las listas especializadas, en la que se le calificó como mejor película del año.

Para cuando llegó la temporada de premios, la obra Bong Joon-ho se había convertido en favorita de buena parte de la crítica norteamericana, y en todo un fenómeno que abarcó desde su aparición en las listas de nominación que usualmente restringen la participación de películas de habla no inglesa hasta el triunfo de levantar la estatuilla como mejor película extranjera en los Globos de Oro. Liderada por Song Kang-ho, el actor favorito de Joon — ho, Parasite demostró junto con una mucho más discreta participación de la española Dolor y Gloria de Pedro Almodóvar, que los films extranjeros tienen la suficiente potencia como para rebasar las usuales limitaciones del idioma.

El film del director manchego fue considerada la mejor del año por TIME, mientras que la actuación de Antonio Banderas se convirtió en la favorita de buena parte de la prensa especializada hollywoodense. Entre ambas cosas, tanto Bong Joon ho como Almodóvar, demostraron que el poder del un nuevo tipo de cine esta tocando a las puertas de un Hollywood en plena transformación.

La venganza es un plato que se come frío, y con un Oscar

Hace un par de años, Netflix tuvo que soportar un humillante veto de sus películas en el Festival de Cannes: la medida llegó luego de una muy pública batalla de la plataforma para que sus producciones pudieran formar parte del cuadro de selección. No solo no lo logró, sino que el Festival cambió sus normas para prohibir explícitamente que las películas no estrenadas en cine tuvieran oportunidad de participar en el certamen. No obstante, Netflix no se detuvo en su empeño de llevar sus películas a los grandes escenarios, sino que además cambió su método de venta y estructura de negocios en una nueva manera de hacer cine.

El resultado llegó muy pronto: en el 2018, Roma de Alfonso Cuarón se convirtió en un fenómeno del cine independiente y llegó a formar parte de la lista de las mejores películas del año. Y aunque no logró alzarse con la estatuilla, todo pareció indicar que la forma en que Netflix asimilaba las lecciones para crear una novedosa manera de crear nuevo y mejor cine, comenzaba a dar sus primeros frutos.

Para el 2020, Netlix acaba de cosechar 22 nominaciones en los premios Oscar, y además lleva a dos de sus películas en la lista de las mejores del año: The Irishman de Martin Scorsese y Marriage Story de Noah Baumbach demuestran que la estrategia de Netflix de concentrar su inversión en más y mejor cine, a través de producciones que de otra manera no se habrían llevado a cabo, está creando una nueva manera de llevar proyectos a la pantalla grande.

Ni siquiera Disney, dueña de las grandes mitologías modernas y que encabezó este año la taquilla mundial, pudo competir con el trabajo consistente de Netflix para producir films de altísima factura de corte independiente, usualmente rechazados por otros estudios.

Incluso los documentales de Netflix American Factory y La democracia en peligro están nominados como la categoría a mejor documental, lo mismo que Klaus, que para sorpresa de buena parte de la crítica destronó a la aparente imbatible Frozen II dentro del rubro de mejor película animada.

Después de años de invertir en directores y proyectos minoritarios que rara vez podrían haber llegado más allá de la mesa de producción de los grandes estudios, Netflix demostró este año que su estrategia de batallar contra los grandes gigantes desviando el foco de atención de la taquilla y la promoción, para enfocarla en la calidad del producto, es cada vez más audaz y efectiva.

Sea lo que sea que ocurra el próximo 9 de febrero en la ceremonia de los premios Oscar, ya hay un claro ganador: el público, que gracias a las nuevas opciones y posibilidades del entretenimiento, está cambiando con lentitud la forma en que el cine se comprende a sí mismo. Todo un logro sorprendente en medio de una estructura colosal que hasta ahora, se había resistido a cualquier evolución.